Orlando Parrotta - Mañana iré al río

 

 

 

Por la mañana, no muy temprano, pero por la mañana
antes del mediodía iré al río,
solo llevaré mis huesos encarnados y un puñal,
no cualquier puñal, no el de matar, no!
Llevaré el puñal de sanar, el doloroso puñal de sanar
allí estaremos el río, que nunca es el mismo
y yo, que tampoco soy el de ayer
Desnudo me internaré en el río
allí tomaré el puñal y  lentamente iré desprendiendo de mis huesos
los pedacitos de amor que aún quedan adheridos
el agua ira limpiando la sangre y aliviará el dolor
pedacitos de amor encarnados caerán de mis huesos
comenzarán a ser llevados río abajo por el río de la vida,
el río de las vueltas de la vida, hacia el mar inabarcable del pasado
inabarcable como aquellas baldosas, de aquellos primeros tangos.
Es que no quiero que el  amor encarnado se infecte de reproches,
mucho menos que se pudra de odio, eso jamás sucederá
por eso mañana, con el sol bastante alto iré al río a descarnarme de tu amor
no será sencillo, no será indoloro, pero es necesario, es sano que lo haga.
Veré como el agua se va llevando los pedacitos de amor,
el puñal los irá arrancando de mis huesos
y hasta sonreiré con cada recuerdo.
Separaré de los huesos de mis pies y piernas el amor,
encarnado por los tangos que bailamos.
Desprenderé el amor encarnado en los huesos de mis costillas
a fuerza de acurrucar tu mejilla y apretar tu pecho.
Luego clavaré el puñal en mis brazos y mis manos,
allí, la encarnadura es, aún, más fuerte
claro, son los abrazos milongueros y las suaves caricias,
el dolor será casi insoportable.
Como no detenerme en mi clavícula,
allí hay, “inexplicablemente” una cantidad enorme de amor. 
Finalmente el puñal se convertirá en bisturí,
y te desprenderé de mi cráneo, allí cerebro y corazón
sin poder distinguir uno de otro, enlazaron lo pasional y lo racional,
otra encarnadura rebelde.
El agua terminará de limpiar los restos,
ya no quedarán en mis huesos rastros visibles de aquel amor.
Me incorporaré y desnudo veré mis huesos descarnados.
Seguramente me invadirá la desolación
La angustia se convertirá en pregunta
en un hilo de voz acuosa desde mis ojos preguntaré
Es que nada quedó de aquel amor?
Será un instante también inabarcable,
hasta que por fin el calor del sol sobre mis huesos me traiga la respuesta.
Sí, quedó, y para siempre,  lo contrario significaría que nunca existió.
Mis huesos estarán descarnados pero todos los nutrientes,
no visibles a los ojos, estarán incorporados a mis huesos
todo lo aprendido, lo sufrido, lo compartido, todo estará en mí,
para siempre, en mis huesos, formando parte de mí, para siempre.
Dejaré caer el puñal sobre la arena,
miraré al sol, miraré mis huesos, miraré el horizonte
y comenzaré a caminar, lentamente,
con una sonrisa convocada por los recuerdos y la esperanza.
Desprendido, en lo carnal, de aquel amor
Mis huesos irán en busca de otro amor.
Nunca igual.
Nunca parecido
Pero tan necesario como deseado.

Por todo esto mañana iré al río.
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
     
 
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