Norberto Mattarana - El rioba

 

 

 

El rioba me alimentó

con su condición humilde.
Fueron carros con llantas
de hierro, transitando
sobre adoquines, que infantil
creí  inamovibles.
Los árboles bordeando las veredas
fueron paraísos para tarzanes
copiados del cinema.
La luz  anémica de una lamparita
iluminaba la puerta
de  la carnicería.
Y  un cilindro blanco y azul,
 se atornillaba
en un continuo interminable
anunciando
la apertura de la peluquería.

La esquina, era academia
que preparaba para pasar al
“Café y Billares” prohibido para nuestra minoridad y no pertenecer
 aún, a la barra de los muchachos grandes,los que chamuyaban de minas
de fútbol y otros saberes
que  a nosotros, los “ pendejos”
nos  abrían las orejas al asombro.

Ese rioba que me comió las eses
que fallan sin querer
en mis discursos cultos,
denunciando mi origen
Veredas que desparejas,
eran charcos para la bronca,
en  los días de lluvia prolongada.

Una, o varias, vecinas chismosas.
El loco, infaltable, que erguía
su figura contrastada
para nuestra jodas
de borregos imparables

El rioba me formó,
y ni él ni yo nos encontramos
en este cambiado cruce de costumbres,
pero, cada vez que dubitativo
me detengo en mi escritura
 reaparece aquella infancia
y escucho  desde una vieja radio
un infaltable tango.

 Y siento que  soy todavía
parte de ese mi rioba
que perdura quién sabe en cuantos.

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
     
 

Norberto Mattarana - 16/03/02

 
     
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