Oscar Pereyra Ortiz - El tango es comunicación pura

 

 

 

La comunicación es inherente a la esencia del hombre y está en la formación de toda estructura social. Donde no hay comunicación no se puede organizar una estructura social.
            Paradoja de esta década, en el siglo de las comunicaciones el hombre está cada vez más solo e incomunicado.
            Como el hombre necesita utilizar cualquier forma de comunicación para interaccionar dentro del sistema social, puede considerarse el subsistema físico de comunicaciones-el tango- como un instrumento para la actividad cultural, formando parte de las posibilidades que el ser humano tiene para transferir, entre di, información y conocimiento, constituyendo la infraestructura semiótica global.

El tango es, indudablemente, el documento de identidad de los porteños. Su música y letra definen un lenguaje y un sentimiento. Toda una manera de ser que nos identifica, nos guste o no, y que ha logrado desde su localismo o acaso por ello, la universalidad más absoluta que junto al gaucho nos instala en la Historia de la Humanidad.

            Si repasáramos aquellas primeras épocas del tango entre prohibiciones y desarraigos, y los ojos en París, descubriríamos el orgullo natural de los porteños de aquellos días, ya que en  Buenos Aires era la nostálgica referencia para el deseo argentino de volver. La crisis de los años 30 introdujo un estilo contestatario y todo el mundo se preguntó cantando… Dón-de hay un man-go, viejo Gómez… Después llegó la etapa del 40, con su enorme caudal de romántica creatividad. Cada década un sentimiento, cada tiempo una realidad para ser cantada y bailada.

            Nuestro tango muestra en sus textos una total necesidad de identificación con Buenos Aires y sus habitantes. Se compromete y te abraza con el arraigo, como si por fin empezáramos a recorrernos por dentro, sin sensaciones vergonzantes. Como si hubiéramos aprendido a hacer nuestra propia crónica, reencontrándonos con nuestras virtudes y defectos, dejando a un lado, por un momento, esa cultura “light” de bajas calorías impuesta por la globalización.
Donde llega, ubica a sus protagonistas en la historia universal de los sentidos, en el que ella es sorda y él mudo. Es el único lenguaje de comunicación pura para dos almas que necesitan una caricia. En casi tres minutos le toma el pulso y la temperatura a sus intérpretes pintando un cuadro socio-cultural de historias y estados anímicos.

            Por eso bailando se entiende la gente, pero bailando el mismo tango y con el mismo sentimiento, ya que bailar por bailar lo hace cualquiera, pero con sentimiento…solamente los que quieren comunicarse.
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

(1) Analista de Medios de comunicación Social.

 
     
 
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