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Lo que no es cierto es que, como dicen los insensibles, “apriete, pero no ahorque”, no!
Dios no amaga ahorcarnos, ni intenta apretarnos, no!
Cuando uno es lo suficientemente sensible, entonces percibe que nos abraza fuerte, muy fuerte, particularmente en Buenos Aires y esencialmente en las milongas.
Para hacerlo se desnuda de dios y se viste de Mujer, entonces su mano derecha atenaza la mano del hombre y su brazo izquierdo se hace rama y su mano izquierda se hace hiedra que se pega al cuello de él y sus dos tibias lunas le dan calor al pecho del varón y hacia abajo dos brotes de madreselva, que nacen de un taco aguja, rodean el muslo masculino haciéndolo tutor para trepar y florecer.
Allí, los hombres sensibles, solo ellos, los más sensibles, reciben la gracia de dios hecho abrazo, entonces una tanda puede durar lo que una orbita lunar y ésta convertirse en una vuelta en calesita.
Orlando Parrota. |
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